20.7.09
12.7.09
4.7.09
amor amor amor golpe de un émbolo antiquísimo
26.6.09
de modo que no hay sol ni hay revelaciones

7.6.09
Cortos cortes.
las hormigas en aventura clásica:
las hormigas cruzan desde el jardín y traspasan el umbral de lo permitido. la miel de maíz es su objetivo y ascienden sin temor, una a una. la lentitud es su proeza, no se abalanzan como yo sobre el objeto deseado. la historia de las hormigas terminará o no, quién sabe, cuando el hombre pronuncie enajenado. malditas hormigas, voy por veneno.
borraría su imagen si fuera una fotografía, una que tomé la otra vez. una foto que existe sólo en mi pc como tantas otras fotos que viven ahí, acurrucadas como pájaros en nido prestado.
lo recortaría con la yema de los dedos no sin antes pegarle unas alitas de papel. la imagen flota en el aire y se va sin dejar vacíos, solo recuerdos alineados en unas cuantas décadas. el jazmín crece sin reglas y se aproxima cada vez más al ventanal.
un jazmín en desborde:
las flores del jazmín se abren y duran pocas horas en medio de este viento. el cigarrillo humea y abraza sus pétalos cuando hay nublado, cuando los vecinos del junto hacen fiesta y tararean "ella, ella ya me olvidó". las ramas van hacia el umbral en un viaje largo y ajetreado. un paraguas, una mesa, una perra que sortear, aguas turbulentas para un pequeño y pálido brote.
la película no es mala, digo, pero no la veré. el hombre mira sobre sus anteojos y dice, ya estoy acostumbrado a los hospitales, nada va a cambiar, y arrolla con un dedo el pequeño y delgado camino de hormigas. son casi las siete de la tarde.
31.5.09
26.5.09
18.5.09
fragmentaricidad
14.5.09
Fragmentario.

El pequeño es hemoso. Tiene unos ojos grandes, muy oscuros que de inmediato me intimidan. Son los ojos de Amal, pienso, cuando llega de la mano de una mujer mayor, de unos 60 años. Viene de mala gana, apenas mueve las piernas y en la boca la expresión de un soberano desinterés. Luego de quedarse quieto y una levantada de ceja de la mujer, me aproximé para saludarlo con un beso en la mejilla, ignorando esa evidente falta de atractivo por nuestra visita. El pequeño retrocedió antes que pudiera rozarle el rostro. Sin embargo, y a pesar de su molestia, sentí un extraño deseo de abrazarlo, de decirle en mi propia lengua que no importaba que no quisiera recibirme, que yo lo quería desde antes de llegar, desde antes de verlo entrar de la mano de la mujer.
Más tarde, mientras fumábamos un cigarrillo en la terraza del hotel, Amal me mostró un dibujo que Zamir había hecho del desierto. Me conmovió, no supe por qué, aquel trazo impreciso de las nubes y el jeep, flotando en medio de la nada.
-Me hubiera gustado tener un hijo, murmuré.
-Zamir siempre pregunta por ti. Si alguna vez nos invitarás a tu casa.
-Me encantaría tener una casa para que me visitaran.
Al contestarle, formulaba hipótesis que sabía nunca iba poder comprobar. Imaginaba o quería imaginar que me decía eso como una proyección de lo que en realidad él quería decirme. Que siempre se preguntaba por mi. Que en realidad yo sí le importaba, que no era esa vaga idea de huesos y tendones que aparecía de cuando en vez tras su puerta, ofreciéndole todo tipo de favores.
7.5.09
notas:
30.4.09
Entonces,
6.4.09
Antes de
antes que te pintaran de rojo, cuando el sol a punto de irse te daba ese color añejo de barrio perdido en el tiempo, sin los hinchas, los banderines, la bullanga que sabe habitarte una vez por semana... yo paso por tu costado y te saludo, como si supiera de tu cancha y nada sé, imagino y corro, y sigo, antes que un recuerdo me detenga.
(el Santa Laura)
18.3.09
borrador 400, Animé.
a mi aurorita divina, canto de nutrición, dalia de mi verano
23.2.09
página 2, Búscame en el libro que dejé.
15.2.09
Notas en febrero

27.1.09
27.12.08
Cartas.

18.12.08
círculo polar

recibiendo tus pasos a la velocidad
de un golpe en la mejilla
la mismas luces letreros pequeños catalejos
por donde mirar el mundo y otros ojos
ya no verán las luces el reflejo el mínimo cambio de color
las calles oscuras un hombre tendido en la berma
atrapado a la deriva sobre la misma carretera que abandonas
para desplomarte en el círculo que acabas de cerrar
a tientas, y sin llaves.
17.11.08
Un borde imaginado

7.11.08
18.10.08
Espacios.

Y la música era entonces, nuestra única verdad.
Todo se aclara en el sueño. Madrugada. Un cielo negro estampado de manchas azules. El ciruelo agita sus ramas. En el silencio viajo o tal vez viajo en el silencio. Conjugo palabras incomprensibles desde este estado pero más tarde entenderé. Recuerda mi bien: esto es el viaje. Tu nuca me recuerda el amante del emperador romano. La acaricio con los ojos. Y tu piel, surcada mil veces por mi lengua, bendición al fuego cada séptimo día. Ascendemos en nuestra propia carne y sudor. Nuestros hijos empujan esta barca sonrientes, enamorados. El mar acarrea fósiles junto al ventanal, sangre y sabiduría pretérita. Y el corazón en medio de un camino pretende escuchar sin ser oído. Y en mi entrepierna, un bendir arranca gemidos de noches celestes. Entonces soy la sanadora. Hasta después del alba. Y amanece.
13.10.08
De ese átomo que a ratos te cautiva,
15.9.08
7.9.08
5.9.08
Para B.

31.8.08

18.8.08
le provoca deep
Primor se va a poner a bailar. Sacará de una las prenditas y le hará tal revoleo que saldremos todos cuete por la ventana, si tenemos suerte llegamos antes a la puerta. Es que primor le baila todo el día, dice que la música se la pone bien temprano, antes de despertarse ya anda sing sing sing y me dice track one/ track five, cuando le pregunto qué vamos a comer o la tomo del brazo antes que parta al escenario dibujado por ella misma, pero la muy desvariada ya partió y no hay tiempo para detenerla, no queda más que permanecer mutis cachorro, observando a primor cómo el ritmo la desenchufa, y ahí el exorcismo le empieza por los dedos y uno va adivinando por donde sigue sinapsis tras sinapsis, una redondez asoma al descuido y el ojo se posa como mosca : es el momento para agarrar el sillón a dos manos y apretar las piernas para no largar las ganas y embarrar el espectáculo, el ventilador que no existe sopla a nuestro favor san mandinga, llevándose la ropa, arrastrando gotas de un sudor que promete caminos revueltos / alienígenas, y admitimos felices como niños: nos gusta la confusión, nos encanta el desenchufe (por eso estamos acá) y primor no se detiene, aunque gritemos, eyaculemos, nos venga al menos un infarto, entonces damos un salto cuántico y ya empieza a tararear el track que suena, mordiéndose los labios deep deep deep deep deep deep deep deep /somewhere out there anywhere i don't care get me out of here.13.8.08
Muerde la distancia
Isla Correyero
Amapura se yergue por sobre todas las cosas
pero en vano crece en el espacio
en vano levanta sus espléndidas luces
pues el deseo cae y hunde
su feroz mandíbula en mi carne
y alzo alzo las manos
como espantándolo y no hay escape
no hay un por ahí es la salida
el deseo oscuro caverna de palabras
que no ven la luz del día
afloran hermosas transparentes
salen de mi boca en pequeños latidos
vocablos del invento y el arder
reverberan por un tiempo
y asoman implacables en un sin fin de caracteres
encendidos como un fuego de mil fósforos
que ya habrás de tener frente a tu rostro
y Amapura se yergue preciosa
como un ícono despierta del delirio
que pasan las horas antes de cruzar
el umbral a tu cálido refugio
23.7.08
16.7.08
7.7.08
Estación terminal

20.6.08
8.6.08
el cuerpo de los dos

Caminamos de noche en medio del frío y tu brazo en mi cintura, sube y desciende haciendo suyo, como al pasar, cada fragmento del cuerpo que a ratos se desborda sobre tus sábanas. Los árboles aparecen mudos, ocultos en su propio misterio, levantando aceras, haciendo de este andar un momento inmenso en donde a mitad de una calle un beso nos atraviesa lento y apretado, una promesa de lo que más tarde nos estremecerá, ese mundo que de a poco inventamos, tan de cuerpo y sangre, tan de magia cotidiana.
21.5.08
Agua

En Brizna nunca había llovido. Por eso, cuando esa madrugada sentimos el ruido sobre el techo, no dudamos en salir. El agua caía del cielo como escupida por una gran boca, o como dijo una anciana parada en medio de la calle, “el cielo lloraba por nuestra desgracia”. La miré. La lluvia le corría por el cuerpo, mojándole los trapos que llevaba por vestidos. Con esfuerzo logré levantar la cabeza y mirar hacia arriba. El cielo era un gran fondo de agua gris, teñido de manchas negras y azules.
Llovía sobre la amarilla tierra de Brizna. Todas las cosas que había visto antes eran una sola, ahora encerradas en la misma palabra del olvido.
para m. y su ventana, donde se escucha el mar,
1.5.08
En el lecho verde de tus ríos
Me entibio al adormecer de la tarde
cuando las lluvias mecen los árboles
me sueño en el lento cabalgar
entre tus ramas,
en el lecho verde de tus ríos
nos sueño simples, diáfanos, puros
sobre la cálida bondad de la tierra
a razón de E.B. y todas sus selvas,
22.4.08
5.4.08
16.3.08
11.3.08
2.3.08
Sin grandes anuncios

Hay un lugar en un edificio donde quisiera acariciar el pasamanos de madera gastado, sentarme en uno de sus escalones y esperar a que alguien pase, a que una persona, cualquier persona salga del ascensor y busque en sus bolsillos la llave para entrar. Hay un lugar y es una cama, una cama de otro en donde las palomas saben volar con los ojos cerrados, para luego dejarse caer como un piedrazo, un estallido en la vereda. Hay una mesa y una taza de té apenas tibio, masitas recién hechas y niños riendo y una ventana que da a un patio donde el jazmín se apodera de los muros circundantes. Hay un lugar en una esquina, llena de panfletos, de papeles pegados, como una idea sobre otra, un vestido arriba del abrigo y así, a la inversa de las cosas, un calzón por fuera y los zapatos pendiendo de una mano, antes que el semáforo cambie y todo sea otro pestañazo, otro explotar de luces y flashes deshechos en la vasta memoria.
Hay un lugar.
25.2.08
Siesta
En la inquieta medianoche o en la calma del mediodía
En el sueño yo era Amal. Íbamos a pie por el desierto. La ciudad más allá era una bola incandescente. Te veías triste, como si fueras a decir adiós. Entonces recobré la memoria de un sueño en otro sueño: yo era Amal e íbamos a pie por la ciudad. El desierto a lo lejos una bola de fuego cristalina. Por tu mejilla se deslizaba una lágrima. Un avión pasó levantando una nube de arena. Un insecto azul se escondió tras una piedra. Inútil decir palabra, la arena hervía en mi boca. "No consigo cortar este hilo que me ata", dijiste. No te volví a ver. Desperté. Seguía siendo Amal y no pude acordarme de tu rostro.
16.2.08
10.2.08
6.2.08
puerto octay summer
The sky is victorious but here comes the rain
Friday is taking me home again,
And I've nothing but you on my mind.
Grass is greener without the pain,
I think that I'm changing but I'm just the same
My sun is a ascending again
And I've nothing but you on my mind
Sometimes I feel like I'm glad to be free,
Sometimes I still want your arms around me
Sometimes I'm glad to have left you behind,
The Crazy English Summer has put you back on my mind.
Life's a riot a lover a friend,
Pity the day that it has to end
Friday come speed me home again,
I've nothing but you on my Mind.
Sometimes I feel like i'm fine on my own,
Fifty Thousand miles from home.
Sometimes I'm weak and the past is my guide,
Summer returns and puts you back on my mind
4.2.08
K A Y A

Se echa a mi lado con lentitud, como si nos conociéramos de siempre. Contemplo la ida del sol, digo, mirándola a los ojos , unos ojos pequeños y achinados, que poseen la magnífica vastedad de cuanto admiro. Pone una de sus patas sobre mi pierna y se acomoda, asintiendo con relajada intuición el inicio de la pequeña ceremonia. En el silencio de la tarde , cuando algunos insectos van a refugiarse y otros salen en busca de las luces, en el aéreo y oscuro espacio que amenaza con dulzura nuestras cabezas, permanecemos juntas, unidas por el origen de una palabra antigua que retoma fuerza y crece entre nuestras células, que son iguales, que finalmente , a la espera del crepúsculo tardío, iremos a dormir para adentrarnos en múltiples sueños, el paisaje inmenso que no acaba y en sí mismo es sólo un punto, suspendido en el pausado correr de la vida.
1.2.08
P. Bowles
12.1.08
Vitrinas
Fórmulas.

arde mientras duermes,
el mundo grita mientras reflexionas, los hornos gimen con las
bocas abiertas
agobiados por una ceniza que lacera tu frente perpleja, y flota
hacia el suelo verde
donde un millón de briznas se consumen para hacer una pradera. "
Mirko Lauer, Sobrevivir
26.12.07
Sick of Goodby's

Venías de pronto como esa poesía de Rojas, vacilante por el pasillo a medio iluminar. Venías con toda esa sabiduría que te han dado los años y tan quieta y olorosa con ese perfume de siempre que a ratos huelo entre las manos, y es curioso, pero a veces no puedo recordarlo y quién sabe, esa tontera de embotellarlo para dejarme envolver por él cuando se me diera la gana, ya sonaba tan lejano. No parecías la misma ahí, detenida en el umbral. Sólo quería abrazarte y dejar que tu pelo me tapara la nariz, se metiera en mis ojos, en la garganta hasta el final, que me impidiera respirar para así hundirme en el ahogo y pensar en nada sino en la muerte, en esa pérdida de conocimiento de la que me he hecho adicto. La ciudad afuera grita tu nombre y yo no dejo de pensarte bajo mi pelvis con la boca en tu nuca murmurando guarradas, las que me atrevo a decir perdido en el silencio, entre tus pechos, tus piernas tan abiertas solo para mi La iluminación del estacionamiento convirtiéndonos en sombras , blancos y negros apenas definidos. Mis manos que se van solas donde no quieres sentir pero sí quieres, pero urgente quieres y gimes y no paras de rogarme, que embista, arda. Tu rímel un desastre, un agua sucia sobre tu cara y te digo puta puta y terminas llorando sobre mi hombro, entonces te dejo con delicadeza y acaricio ese pelo que ya no está enredándose en todo. Bajo el volumen de la música, cierro las cortinas y me voy a la terraza a fumar un cigarrillo. Antes, te ofrezco un vaso de agua y no quieres, sólo deseas irte y buscas a tientas, tu ropa entre todas mis cosas.
fotografía, Robert Frank
Estás lejos, y eres la visión ,la sombra
Que veo como a las ramas de un árbol
En una noche de invierno.
Los treiles me están diciendo que vuelves
Espero mientras respiro el olor de la vela recién apagada.
Si vienes, me digo te ofreceré
Al salir el sol, mis cantos y metawes
Te daré un vestido hermoso
Recogeré para ti flores de las que crecen junto al agua.
Pero eres la visión , la sombra y estoy solo:
Los treiles se van perseguidos por granizos
En vano las ramas del árbol intentan
Espantar al invierno
Y en mi garganta se quedaron las palabras
Que nunca dije.
Elicura Chihuailaf
15.12.07
30.11.07
anómala

La oscuridad avanza y la absorbe en espiral. Las voces a su paso ascienden por debajo de la falda. Lenguas barbáricas la profanan sin llegar a poseerla. La cebra, ansiosa por correr se detiene en un muro de aguas. Fluye como un hilo que no acaba hasta la próxima esquina. Una boca de lobo por el cuello se hunde en estertores. Incesante cabalgar de la carne.
21.11.07
atmósferas
Tose. Sólo para emitir un sonido que rompa el silencio, para no sentirse tan solo. Repara en la mancha negra que ha crecido en una de las paredes, junto a la cocina. Es la humedad, piensa, y cuando respira, un poco de vapor se va en ese aire y supone que, dentro suyo, una mancha igualmente oscura ha ido extendiéndose, con lentitud, en cada una de las células que, a ratos, le parece, hilvanan el resto de su cuerpo.
(yo creía a los cinco que los átomos eran esos puntos que se mueven a través de la luz, yo pensaba que en mi mano atrapaba miles y los mantenía guardados en el bolsillo sintiéndome feliz, hasta que entendí, era sólo polvo en suspensión y nada más que eso, pero ahí tenía yo mi tesoro bien guardado, polvo de estrellas en la punta de los dedos)
19.11.07
patrimonio
Cazadora de sueños (IV)
Paseo por la casa en ruinas
busco algún abrigo para mi padre
me ofrecen uno lleno de agujeros
tan rojo como las puertas que acabo de pintar
que no son rojas -alguien me aclara-
sino burdeos o granate o corinto
cómo voy a abrigar a mi padre
con ese abrigo lleno de agujeros y de ese color
miseria la que albergamos
le digo a los ojos negros de mi hermana
suplicante ella repite no hay otro
éstos son los tiempos que habitamos
sigo buscando dentro del burdel
un abrigo para mi padre que ya está viejo
cuyos ojos con ese tinte de mar
perdurarán más allá de su muerte.
Zulema Moret
(bajo las escaleras corriendo porque los garbanzos adentro de la olla hacen ese ruido de barco a vapor y pienso que estabas solo y en el suelo y nadie ahí para ayudarte -aunque en los últimos 50 años digas que no necesitas a nadie- en una pieza con una ventana que da no al patio ni a un jardín sino a un pasillo atestado de cajas y una parra afuera distraída -qué sabe de nosotros de ti de tus largas caminatas de antes tus alegrías tus iras en nuestra contra- te regala unos frutos que tampoco puedes llevarte a la boca y aquí sentada al pie de la escalera sin zapatos sin nada de nada cuando allá una mujer le grita a sus hijos y es revivir y revivir -siempre en un peldaño esperando que la hora de una vez pase - lloro y la olla en la cocina cascabelea un sonido de muelles abriéndose de mares que no se pueden navegar)
9.11.07
Al - yibab

Todo se ve blanco, de uno de esos blancos que solo podría distinguir un esquimal. O tal vez no es blanco, porque la arena, que está en todas partes (aunque digas que es sólo tierra y polvo), tiene ese color raro, como de huesos molidos. Se me pega a la túnica, la muerdo entre los dientes, la sacudo entre las sábanas de nuestra cama. El canto a esta hora se oye más bonito, quizá es que me acostumbro a esas raras melodías, como salidas de la boca del estómago de un doliente al que le pesa su historia, cargada de íconos, enjambres de vínculos e imagenes épicas. Te pierdes, dices que vas por agua mineral y ya no te veo. Me quedo de pie y dejo que la gente pase a mi alrededor y apenas me roce con sus ropas. Soy un trozo de esa mujer que espera a Jesús y se aferra a esa idea loca de querer sanarse con una leve caricia. Un puente se forma entre la gente y quisiera cerrar los ojos y no verlos, o tal vez, como en esa fantasía que te conté la otra noche, desnudarme aquí, en medio de la calle tan áspera y dejar que todas estas manos extrañas y oscuras , arañadas por el sol, me arranquen uno de esos cantos que suenan por los altoparlantes, que todo el mundo venga y me toque, me sienta, cómo me deslizo sobre este suelo sagrado y me revuelco, como un animal, en su propio charco de deseos, apetitos voraces, sentires guardados. Apareces de pronto, con esa lentitud que te caracteriza, la sonrisa leve y nítida (aprendo a reconocerte, entre la multitud que permanece). El tiempo empieza a correr nuevamente, la ciudad allá abajo se hace uno con el sol, incandescente alumbra y reseca las pieles , abiertas, a esta hora de la tarde.
(a propósito de )
5.11.07
Una cosa menos.
25.10.07
22.10.07
todas las mañanas del mundo

Tuve una visión.
Andaba por el campo y recogía frutillas.
Llevaba un tarro de latón y las echaba ahí con cuidado, una delicadeza para no desarmarlas.
Me sentaba en un rinconcito, un peladero sin un brillo pero a mi me pareció un lugar lindo, me daba descanso y eso era bueno para mi.
Antes de comerlas las quedé mirando un buen rato.
Tan redondas, como un corazoncito, una pequeñez tan bonita , una belleza en la palma de mi mano, entre los dedos.
Hojtas verdes, perfectas como si las hubieran dibujado, y seguí con mi propia mano y mi brazo y me recorrí entera.
Me sentí hermosa, con todos esos vasitos sanguíneos como ríos , atarantados, tan apurados por vivir como si ya mañana no fuéramos a despertar.
Tuve una visión, dije.
Pero los árboles tan quietos y solemnes ahí en mi jardín no dijeron palabra, silenciosos, apenas meciéndose , a su manera sonrieron.
14.10.07
migraciones

Has vuelto a escribir con lápiz, los dedos empapados de tinta, haciéndola bailar sobre la blanca sábana para decir, para impregnarte de fotografías, traer de vuelta, hacer el regreso de un tiempo que rebota en un espejo donde sólo tú te reflejas. Corres el riesgo, lo sabes, de no comprender más tarde ninguno de los signos allí tendidos, desnudos en la piel, en los ojos, los oídos, enhebrándose en el pelo que crece y se enreda otra vez a esa manera antigua del vivir. Corres el riesgo de no recordar las imagenes contenidas como pájaros, cabecita loca, y no importa, sólo el hecho, inenarrable, del lápiz entre los dedos dejándose caer, haciendo lo suyo en esa mano que toma, recorre, migra,
despierto,
un poemario me distrae del mundo,
un observatorio en la yema de los dedos,
10.10.07
Del lado de allá,
se juntos já jogamos tudo fora
me conta agora como hei de partir
Alcanzas sus ojos en los tuyos Mariana como queriendo recorrerlo desde adentro, ser un aire dices y entrar en sus pulmones y ahuyentar así esa melancolía que arrastras , atávico mal que se pega al cuerpo , curioso imprescindible para decir y moverte intensamente en extremos del tiempo, de una hora de un reloj que anuncia inevitable palabras que te levantan tan a tu pesar. Calle. Zapatos. Madrugada. Partida que arranca tus piernas y deja tu corazón ahí tendido, un desparramo de ti misma en otra piel que respira y esos ojos nuevamente que son, para decirte, un mar tibio al que te abrazas.
30.9.07
pellejerías
no era la soledad
de estar en un silencio
como aislado de los trópicos
era simplemente
que mis pies
no sabían
el camino hasta tu casa
.
28.9.07
entre sus piernas, atrapada en un capullo,
la crisálida tibia late y respira un centenar de ays,
de quieros, de apriétames. la desnudez
contrasta y su perfil recortado en diapositiva
cuando se levanta para buscar algo,
una ventana que mira a la cordillera
y se inunda de una luz, dice,
un rebote que lo asalta a ratos en el día.
entonces quien va a dormir en esta línea que se eleva
y desciende como un dibujo infantil
de mares y quillas que rompen y abren,
salpican la playa y los pies bajo las sábanas se tocan,
nadan en búsqueda de una misma orilla.
pierde coherencia y su tranco que es un atarante
se enreda en de él, lento y cadencioso,
cae k.o. sobre su almohada.
24.9.07
cantación que mima
ya no hay revoltijo
ni penurias
un calorcito entra
y desparrama
agita
enciende
a vivo fuego
esta
(su)
pelusita estrafalaria
21.9.07
Bolita guacha.

Ella me decía la Chirigua. Ni siquiera cabra o pendeja. Ella me decía así porque no me quería. Porque cuando se quedó gorda de mi (nunca habló de estar embarazada, siempre dijo, cuando me quedé gorda de ti) el lacho que tenía la dejó por una sin guata, por una que lo iba a esperar a la esquina con la falda corta y el taco alto, bien pasá a perfume, para embolinarle la perdiz, para que el tonto, porque era un tonto, si hasta yo lo supe y no nacía todavía, le dijera cuestiones por el cuello, que era rica y la más linda, y luego se anduviera paseando enfrente de ella, la guatona, para sacarle pica, para que la guatona viera que era una bruta lesa que la había embarrado, que ya ni falda ni taco se podía poner, porque la tremenda pelota va creciendo y todos se enteran y nadie te mira bien, y no te dan ganas de salir, para que todos digan, ahí va la gorda, por caliente le pasa, para que todos digan, ahí va la guacha a comprar el pan llena de moretones y costras en las rodillas que ni padre ni madre tiene, porque la dejan botá y cierran la puerta con una tranca por fuera para que no salga, para que no vea la gente ni se le haga agua la boca ir a correr a pata pelá con los otros en medio de la calle.
8.9.07
2.9.07
Por viaje al interior:

Vendo cama 2 plazas poco uso, gran perfomance masturbatorio, fabricada con maderas nobles y reconstituídas, pensada en una conciencia medioambiental de avanzada, no requiere mantención ni lustramuebles, inductora de sueños eróticos altamente placenteros, juguetona y comprensiva, alma de madre y casquivana, la mejor dupla para cualquier desviado sexual sin diagnóstico o tratamiento , ideal para recreaciones suburbanas y campestres de gran complejidad, acogedora, postmoderna y desprejuiciada , evocadora de una creatividad inigualable, fiel y desinteresada compañera, doy fe.
14.8.07
Entre tú y yo
Alcanza un palito del suelo y hace como que escribe en la tierra. La chasquilla le cae sobre los ojos, con la otra mano la sacude, mientras los demás niños juegan a la pelota en medio de la plaza. Sentado en una saliente de concreto, las piernas estiradas sobre el suelo y la mirada huidiza en el codiciado balón. Sería lindo ir y revolcarse en el pasto, sería bueno lanzarse entre los dos petizos y el más grande, sentirlos golpear sus manos al ritmo de un five de película luego de un pase formidable. Pero Marco ahí, no va a levantarse. La cama de la madre se abre en su cabeza cobijándolo silenciosa. La respiración es suave, tan suave que Marco a ratos piensa que realmente no lo hará más. Que va a detenerse, antes de lo pronosticado. Sopla un vientecillo húmedo en la plaza, una lluvia se anuncia desde lejos. Marco observa sus zapatos llenos de tierra. Piensa en los granitos que van a ir cayendo a medida que de el paso, desde ese punto hasta la casa, unas cuadras más allá. El antejardín, la escalera, los zapatos de ella guardados en el closet hace tanto. Entonces se va. En medio de los juegos, nadie repara en su partida.
foto, S. Larbalestier
9.8.07
modus operandis
desnuda sobre tu pelvis
la ventana abierta y la noche
entrando oscuramente,
configurar un mundo excéntrico
replegarse en uno mismo y horadarla
obligarla a gritar los sonidos de las putas
abrirla en el aire de un quejido
y olvidarte, excluirte en ese cielo
que ahí se construyó, verterla
en un sólo vocablo y conjugarla,
despacio integrarse en remolino
agudo sable que al final,
corta, zanja la vorágine
que termina por volverse olvido
y de ahí hasta nunca, si te acuerdas.
6.8.07
City tour.

Y nada de eso importa. El resignado/ejercicio del verso no te salva,
JLB
Creo que era cerca del estadio en el barrio de la Boca. Un bulto , parecido al cuerpo de un ser humano se ocultaba bajo las frazadas. Era una cama, sí, una cama en plena vereda, al llegar a una esquina, pasamos rápido y no pude retener el nombre. Más allá todo pintado de color, intentando calentar el ambiente, los 3 grados a las 1030 de la mañana, viernes 3. El agua del puerto es negra, 100% poluta dice alguien por ahí. Una mujer con facha tanguera se toma fotografías con los turistas y yo, haciéndome que no, sentada en una banca cigarrillo en mano, resbalando la bota sobre Caminito, trato de hilvanar una idea concreta de todo lo que me ha pasado por el pellejo y no, no consigo enrollar la madeja, no logro sacarme de la cabeza a ese hombre o mujer, ahí, en total desprotección, y tal vez sumergido en lo único posible, un sueño, una ficción que es lo más parecido al calor, a la calidez temprana de donde venimos hace tanto y jamás, jamás regresaremos.
31.7.07
Déjà vu
página 44, El secuestro, Georges Perec.
25.7.07
Amapola, lindísima Amapola
9.7.07
La vaga idea de sentir

Luego del trabajo vas a ese café en Lastarria. Te sientas en la misma mesa de la última vez, dejándote caer como si eso aliviara de alguna forma todo ese ahogo que ha venido desarmándote de a poco. Miras los libros en las repisas, el poeta con la mano en alto sigue ahí para recordarte, para ayudar a construir esa imagen que permanece gravitando en tu cabeza y en medio de tu corazón. Te sorprende la futilidad del momento. Estar ahí no ayuda en nada y, a pesar de tenerlo claro, has ido, quien sabe para qué, quizá, recobrar algo del efímero calor que alguna vez llenó el vacío que crecía insoslayable y amenazaba con abarcarlo todo. Entonces, abres el libro de turno y lees, sumergiéndote en un desierto que aumenta y a la vez, apacigua la ansiedad porque ese tiempo presente no acabe, prolongándose en una medida inexistente. Hasta que llega la hora de partir y sales a la calle, arrojándote en un abandono imposible de evadir. Caminas. El cielo allá arriba parece querer cobijarte y, sin embargo, no puede, no logra protegerte.
2.7.07
Viajes

Recuerdo tan bien a esa mujer como si ahora mismo apareciera por la puerta. Se subió una estación después de Once. Yo acariciaba mi boleto de cartón, de vez en cuando lo giraba y repasaba sus costados enterrándome las esquinas en las yemas de los dedos. La mujer se me quedó grabada al instante. Al entrar al pasillo ni siquiera me miró, sólo observó la banca del frente desocupada y tomó asiento. Murmuró un "permiso" débil, dicho para adentro, como si sólo a ella le bastara escucharlo. De inmediato giró la cabeza hacia la ventanilla. Las estaciones se sucedieron una tras otra y no podía dejar de observarla. Era una mujer marcada por la tristeza y el abandono. Tenía los ojos enrojecidos como si hubiera llorado. Cada cierto rato se quedaba mirando hacia la nada y me pareció sentir un frío atravesándome cuando sin querer pasaba su vista sobre mi cara. Hubiera deseado ver mi rostro en ese momento, ¿qué expresión tendría?, esperaba no demostrar nada, no quería que la mujer advirtiera que me producía algo su presencia, aunque ya era tarde, más bien inevitable. Ahora, era la sala de espera de un médico y el boleto de cartón, la protuberancia que ha crecido en medio de mi cuello. La toco con temor y a ratos dejo los dedos allí, casi asegurándome que esa parte es tan mía como mis propias manos u ojos. Siento frío a pesar de la calefacción, a pesar de la mirada benefactora de una mujer mayor sentada en el otro extremo. Cierro los ojos y me dejo caer sobre el respaldo del incómodo sofá, e imagino que voy en el tren, que las estaciones me conducen hasta ese barrio en Buenos Aires cuando tenía 15 y todo estaba hacia adelante, todo el tiempo caía como un rayo de sol, perpendicular sobre mi cabeza, amarillo y cálido. Atravieso la Avenida San Martín y siento el calor un agradable peso sobre la espalda, hasta que dicen mi nombre, desde lejos, me llaman, igualmente fuera una niña y me desprendieran de la mano de mi madre, cruzo un umbral del que nada sé, al que temo desde antes de nombrarlo.
19.6.07
Gestos

para B,
Una mujer y su hijo, abrazados en la cama, esperan que el medicamento haga efecto y la fiebre que los aflige a ambos, retroceda de una vez. El niño se apega al cuerpo tibio que lo rodea como una manta. Ella, le acaricia la cabeza, pasando los dedos entre el pelo ensortijado. "Estar enfermo es como estar triste, dice el pequeño, se parecen porque en las dos cosas dan ganas de ser invisible". La mujer lo abraza con más fuerza y lo besa en la frente, le pide que duerma, "sueña algo lindo, agrega, sueña que vamos por el campo y rodamos en el pasto". Al cabo de un rato, el pequeño lleva la palma de su mano sobre la frente de la madre. "Qué bueno, exclama, ya no tienes fiebre", luego, tapa los hombros de la mujer con la sábana. La mujer se siente traspasada por ese delicado gesto, como si a lo largo de su vida hubiera esperado por él. El niño le regala ese momento y ella sabe, jamás lo olvidará. Quisiera decir algo, susurrar en el oído de su hijo una palabra maravillosa atrapada de la nada, entonces piensa que no existe palabra que represente la belleza de ese instante, y se queda dormida, sintiendo que en la quietud que los envuelve ya se ha inventado una palabra, una bellísima palabra.
4.6.07
Algo importante.

Esta noche toca Joshua Redman en el Fleur de Lys. Iremos los de siempre, F., P. J. y yo. Entonces llega F. antes que todos y dice: “debo conversar contigo, hay algo importante que debes saber”. F. entra enfundado en una chaqueta de cuero nueva, café tabaco, “muy ondero”le digo, "te ves muy bien". "Gracias, tú también te ves linda". F. siempre me ha parecido un tipo excepcional, muy callado, dice lo justo y necesario, no trata de sobresalir, tan piola. Demasiado perfecto, ha dicho J., a quien F. le da exactamente en donde a J. le dan los tipos como F. Esos con quien desde el principio sabe, a pesar de todo su encanto, no puede competir. Sin embargo mantienen esa amistad de años, desde la universidad. Cada uno acepta los defectos del otro en forma tácita, como si fueran dos hermanos, los que no se pueden separar porque hay algo más profundo que los une. Ese hilo es una historia familiar muy parecida. Padre ausente, madre extra esforzada que a punta de sacrificio logró sacarlos a flote y sin ambargo, en ese resultado perdió todo real contacto con ellos. P. siempre dice “que estos dos lo que necesitan es un padre, y yo no voy a dármelas de papacito ni a presentarles uno”, P. está enamorada de F.y en su voz hay una esperanza remota de encontrar su corazón. Los comentarios de P. me dan risa pero en el fondo no sé si estará equivocada. Luego vamos a la cocina y F. deja su chaqueta nueva en una silla. Saca los cigarrillos y me ofrece uno. "Me gustas mucho", dice, a título de nada con la voz temblorosa. Como si hubiera practicado un buen rato, la frase me pareció teñida de cierta frialdad. Sonrío y le pregunto si es un chiste. Dice que no, que no es chiste, que le gusto demasiado y cree que es mejor que no nos veamos más. “No soporto verte con J., a pesar de ser uno de mis mejores amigos, te juro, sé que no es el hombre para tí...” “Déjame terminar”, dice, extendiendo su brazo y poniendo su mano sobre la mía. “Crees que quieres a J., pero es sólo por su historia, sí, claro, la mía es parecida pero yo soy diferente, J. cree que la vida le debe todo y hace y dice lo que quiere. Va por ahí sin filtro y dice cosas que te hacen doler y tú como si nada, absorbes igual te lo merecieras”. Permanezco en silencio. Retiro mi mano lentamente de la suya y apoyo mi espalda en la silla. Tras dos bocanadas de humo me levanto y apoyo en el borde del lavaplatos. F. está ahí, sigue sentado y baja la cabeza, cierra los ojos. Me conmueve esa fragilidad, esa capacidad de decir lo que siente sin temor a lo que yo pueda pensar. Me acerco y le acaricio la cabeza. Él toma mi mano y la besa. No decimos nada. Al rato suena el citófono. Son J. y P., se han juntado abajo en el ascensor, vienen subiendo. El Fleur de Lys está repleto. La banda comienza a tocar Jig-a-Jug, todos frenéticos siguen el ritmo con manos y pies. J. me guiña un ojo, F. mantiene la mirada fija en sus zapatos, P. observa a F. con el rabillo inundado de tristeza. La música se escucha soberanamente bien. Somos un puñado de infelices y la bendita boca de Joshua toca y toca hasta las dos de la mañana.
19.5.07
13.5.07
Cancioncita
2.5.07
Acróbata

Sin sábanas
sin un colchón
Duerme tranquilo cono un lirón
Seco el corazón
Olor a gas, Los Tres
Julio está junto a la cama. Acaba de llegar. Su mujer duerme plácida, vuelta hacia un costado. Un pie desnudo asoma por entre las sábanas. La habitación está a oscuras y una tenue luz entra por el ventanal. Julio recorre la figura de su mujer, sin detenerse en ningún detalle. La va descubriendo con la mirada, pero no encuentra lo que busca. Esta noche no, murmura, como lo venía haciendo mientras viajaba por la autopista . La música fuerte, el vidrio abajo. Ningún aire frío lograría sacarle de la cabeza a esa mujer, esa que tenía atorada en la garganta. Ojalá y pudiera gritarlo. Extirparlo de una vez. Uno de los niños se despierta. Julio sube hasta la habitación infantil. Shh, shh, dice, mientras le pasa los dedos por el pelo con ternura. Se consuela a sí mismo a través de la caricia. El niño se queda dormido nuevamente. Julio arregla la ropa de cama y permanece bajo el umbral. Se figura una sombra más, proyectándose sobre la pared. Siente miedo. Por primera vez siente mucho miedo. Y si la perdiera. ¿Y si los perdiera?. No , eso no podría suceder. Junta la puerta y baja muy despacio. Se desviste y entra en la cama fría. Es un témpano que le va helando la piel y la cabeza. Recupera el aire que le cortaba la respiración , apenas hace unas cuántas horas. Mariana, la mujer del nombre que abarca su garganta, sentada frente a él, describiendo a duras penas lo que siente, por “ese cuerpo flaco tuyo que hace perder el sentido del volúmen, del espacio”. Él no hablaba, apenas podía mirarla a los ojos y sonreir, los labios resecos y las manos sudándole , una sobre otra. A ratos toma la carta y ojea el menú, bebe algo de vino. Tal vez, quién sabe si el alcohol logre sacarle alguna palabra que no hiera, que no haga sufrir. Mientras ella está ahí, enfrente de sus ojos, Julio piensa en el cuerpo que, a pocos kilómetros, se desliza envuelta en una bata, acuesta niños, bebe un vaso de agua antes de irse a acostar. Una chinita cae sobre la mesa. Mariana advierte tal cosa y se sorprende. El mozo, dándose cuenta hace el gesto de sacarla , pero Julio le pide que la deje. Para la suerte, comenta. Ambos se quedan observando al colorido insecto como dos niños en medio de un jardín. Un asombro ingenuo traído de vuelta, urgente y necesario. El artrópodo, al cabo de un rato da una vuelta de carnero, intentando sacar las alas.
23.4.07
abril, 2007

Yo sé que estás lejos, que en tu cabeza hay tanto girando y girando que no existe espacio para más. Nuestra hija crece hermosa, como siempre imaginamos lo sería. Corre por los pasillos de la casa, tambaleándose, arrastrando siempre algún adorno del living. Si la vieras. Hace una pila con los libros. ¿Recuerdas todos esos que compramos antes de conocernos y juntamos desordenadamente en la pared del comedor? Ella se sienta arriba y apenas logra encaramarse en el último, exclama, ¡cielo, papá, papá!. Ella cree que vives allá, en medio de las nubes. Yo la tomo en brazos y asiento sin decir palabra y a veces lloro y me esfuerzo para que no se de cuenta. Yo sé que la amas, en la abstracción que creamos hace tanto tiempo, yo sé la abrazas por las mañanas antes de irte a trabajar. También sé, que al escuchar alguno de nuestros nombres llegamos hasta ti, y es probable que nos murmures e intentes, simplemente, recordar nuestras caras. Quizá habitemos en los pocos libros que llevaste o en los textos que te pedí alguna vez corrigieras, o en cierto disco, quién sabe. Yo la miro mientras se esconde entre los arbustos del jardín. Yo la amo mientras el tiempo vuela e intento absorberla como si fuera un rocío que se deja caer por la mañana. Nos empapa a los dos, aunque tú vivas allá, en esa distancia infinita que fue a acogerte mansamente, y canturrees ahora mismo esa canción que tocan por la radio.
Besos.
21.4.07
epígrafe
-Lamento contradecir a mi famoso amigo y colega- dijo el búho-, pero yo creo que cuando los muertos lloran es porque no quieren morir."
Collodi, Las aventuras de Pinocho,
epígrafe de El libro de la Memoria de P. Auster.
17.4.07
Terminal

Hace rato que la señora X salió de su casa. A la señora X le encanta comprar flores en el terminal de la panamericana norte. En realidad, lo que a ella le gusta es dar vueltas por los puestos y admirar las flores amontonadas. Ella piensa que sería muy lindo tener un jarrón enorme lleno de flores en la entrada de la casa. Pero la casa de la señora X es una pieza, una mediagua comprada en el Hogar de Cristo. Todavía no tiene vidrios, sólo unos postigos de madera, y al cerrarlos, la dejan en completa oscuridad. Cuando se acuesta en su pequeña cama, cierra los ojos y descuelga los brazos sobre la cabeza, como si todo ya no estuviera lo suficientemente negro. Tal vez, la señora X lo hace para no ver siquiera las sombras que amenazan bailar en la pared. Tal vez lo hace para contener el llanto o no permitir a sus pensamientos salir convertidos en palabras o susurros, los que permanecerían flotando en el aire sin ser escuchados por alguien más. “Alguien más” es una abstracción que a la señora X ya no le preocupa. La soledad es una estructura en donde ella se ha acostumbrado a organizar su diario vivir, incluso por las noches. La señora X suele persignarse antes de dormir, aunque dice no profesar ninguna religión. Ella siente que debe creer en algo, si no, ya se hubiera vuelto loca. A veces entra a las iglesias en la hora de la misa, sólo para escuchar al sacerdote decir: “una palabra tuya, bastará para sanarme”, porque le parece una frase potente, más poderosa que el latir de su propio corazón, que en la quietud de su hogar escucha a ratos escondida bajo la almohada. Ella supone adolece de un mal terrible, y piensa que, indefectiblemente, no tiene remedio, que va morirse con la enfermad y quizá, a causa de ella. Se imagina sobre la cama, los brazos a los costados, tocando el suelo, una mueca extraña y dolorosa que hará parpadear a los primeros en encontrarla. Por eso no es raro ver a la señora X deambular por el terminal de flores, caminando largas cuadras, gastándose lo poco que lleva en los bolsillos, como si en ese gesto comprara una pizca de felicidad, y esa pizca le bastara.
12.4.07
equipaje liviano

Un poco a la izquierda hay un señor, está quedándose dormido arriba de la banca. Tiene las manos sobre el estómago, a pesar del calor está vestido con ropa oscura y pesada. Miro a su alrededor, al nuestro, nadie se ve, ni un alma. Me pregunto si será la hora del almuerzo, yo no tengo hambre, me comí un plátano antes de salir, cuando la mamá miró el calendario del comedor, ese con algunos días marcados de rojo. Los rojos son venir a esta plaza, los otros, son en la casa, cuidando a la abuela, vigilando al tío Mario. Que no tome más de la cuenta. A veces hay que llamar al vecino para que se lo lleve. Pobre el tío, yo lo quiero harto. Salimos a caminar y siempre me cuenta historias, de su juventud, cuando pasaban vendiendo hielo en un gran cubo porque no existía refrigerador, cosas raras como esa. También vamos a la feria a cachurear entre radios y repuestos y siempre compra varias cosas chicas, cables y tubitos extraños, él dice que sirven pero mi mamá dice que no sirven para nada, que son sólo porquerías. A mi me da pena, pero yo creo que es porque ella está muy triste. (Ahora recuerdo que no te he ido a ver, que te enterramos y nos olvidamos de ti, que te hicimos un lulo y te tiramos al aire y ahí te quedaste suspendido, como un volantín desciendes un poco, pero siempre hay algo que conspira, ha de ser la vergüenza). Giro la cabeza para un lado, la mamá me mira y yo sé que tiene en la suya cosas que pasan como autos a toda velocidad, pone esa cara cuando algo le pasa, como si algo se la llevara lejos, me mira pero mira al señor que duerme, a los edificios que reflejan más edificios, al sol de plástico amarillo. En realidad, en esta plaza estamos solos, ella y yo. Esta plaza es como el mundo.
foto de Robert Capa
5.4.07
31.3.07
Interiores
De pronto se da cuenta que no sabe lo que busca. La mujer ha estado abriendo todos los cajones, todas las puertas de los closets. Ha revuelto papeles, abierto cartas viejas, hurgado en carteras y bolsillos de antiguos abrigos. Se sienta en el borde de la cama y se queda un tiempo rodeada de cosas, que por un instante, le parecen absolutamente inútiles y concretas. Puede nombrarlas, una por una. Todas tienen un cómo se llama, una definición de la que se siente harta hace demasiado tiempo. Piensa en reunir todo y largarlo a la basura, junto a lo que quedó del almuerzo. El aire entra bruscamente en su boca, como si recién hubiera dado cuenta que el aire entra y sale del cuerpo. Y, mientras permanece absorta en este juego que comienza a inquietarla, todas las cosas aparentan haber aumentado de tamaño. Se ven pesadas y grandes, y ella se siente cada vez más pequeña, absorbiendo este aire, cada segundo que pasa, un inevitable más que hace cola en la lista eterna. Un ruido proveniente del exterior, el arrancar de un auto en medio de la tarde, le devuelve esa idea original, la que la llevó hasta el borde de la cama. Sin embargo, no logra recordar con precisión. Es, cuando la búsqueda se ha convertido en un objeto más, ahí, oculto en medio de todas las cosas. Entonces llora, llora desconsoladamente.
23.3.07
Comala, Las Cruces City.
"El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo. Sonreías. Dejabas atrás un pueblo del que muchas veces me dijiste: "lo quiero por ti; pero lo odio por todo lo demás, hasta por haber nacido en él". Pensé: "No regresará jamás; no volverá nunca".
El Poeta besó mi mano y yo lo ví desaparecer tras su puerta. Deseé profundamente tener esa cara y esas manos, detenerme frente al ventanal que mira al mar y despedirme de todo, incluso de las olas.
fragmento de Pedro Páramo, Juan Rulfo.
17.3.07
Historia menor

El perro vago está echado sobre la tierra, la cabeza descansa sobre las patas delanteras. Todavía queda algo de calor en el suelo, ya vendrá el otoño de verdad, no el hermoso de hojas doradas, sino el del frío y la lluvia. Más allá un niño juega mientras los padres arreglan flores sobre una lápida. El niño atizba al animal y lanza algunas galletas para que éste se acerque. El perro se aproxima con cautela. Agacha su cabeza y come los trocitos de golosina. Enseguida el mocoso le hace cariño en el lomo. El animal mueve la cola y comienza a correr de allá para acá, recogiendo los palitos que el niño lanza lejos. Al cabo de un rato ambos se recuestan extenuados sobre el pasto. El niño le habla como si fueran compañeros de hace mucho. El de la lápida era mi abuelo..., la gente grande se muere, ¿sabías?, inquirió, mirando al animal. Este pasó su cabeza por las piernas del chico, como diciendo, yo entiendo bien el significado de la pérdida. Se quedan bajo un ciruelo, el aire lo mece y los dos disfrutan al máximo la frescura regalada. Al rato, los padres terminan la labor y llaman al chico. Este se levanta y aleja sin siquiera mirar al animal que lo sigue entusiasmado, dando saltos torpes y juguetones, pero el niño, bastante molesto, le lanza unas piedras recogidas del suelo. El perro se detiene bruscamente, sin comprender. Observa quieto, mientras la figura del niño se vuelve una mancha, un punto que desaparece de su vista. Vuelve a su rincón, junto a la banca vacía. Se echa nuevamente y con resignación, espera las lluvias, el frío del verdadero otoño.
12.2.07
Perspectiva

Si le pones atención a la mancha del fondo, esa que se mueve con la gracia de un átomo, tendrás la vaga sensación de ver a López caminando hacia nosotros. Sentados sobre el pasto, pasando el dedo sobre una que otra hormiga que sube por nuestras piernas, el tiempo de López se nos viene irreparablemente encima, y no podemos arrollarlo con el dedo o sacudirlo con la mano. Va a venir. De alguna manera, extraña y familiar va a arrimarse por un costado, el tuyo o el mío, sorprendiéndonos un poco , haciéndonos creer que vendrá siempre por el lado contrario. Nos quedaremos sentados, inmóviles y López avanzará lento y con delicada precisión desde esta perspectiva, y tan veloz desde sus propios zapatos, removiendo el polvo que dejaron los otros que pasaron , antes que él, antes que se nos ocurriera venir y dejarnos caer como hojas o ramas, para que los bichos nos molestaran un tanto, nos recordaran que somos una cosa más envuelta en el mismo aire, nada especial en realidad, que desde allá, donde López levanta esa nube ingrávida, nos vemos como una banca o un árbol tirado, seco, posiblemente al que han debido echar abajo porque molestaba, frenando el paso de la luz. Entonces López ya viene y ni nos mira, la verdad es que él nos sacude con la mano y pasa de largo, perdiéndose tras la mampara del edifcio, observa su reflejo en el lustre del acero, pulsa el botón del ascensor y desaparece, en la dulce y violenta prescindencia.
30.1.07
Última función
22.1.07
Doble vía

No sabes por qué, pero es una pulsión lacerante que se hace presente desde que te levantas. Vas, a lo largo del día, esquivándola, pero es insoslayable, a las nueve de la noche no puedes evitarla. Preparas todo lo necesario y con un ya vengo, cierras la puerta con suavidad e inhalas ese aire que se agolpa ahí, justo detrás de la puerta para que tú y nadie más que tú lo tomes en ese movimiento que será el principio de una travesía pequeña, teñida quizá, por una ingenuidad primigenia, casi infantil. Es la misma ciudad por la que entras y sales todos lo días, pero es esa llamada urgente que la ha de transformar, convirtiendo todo el paisaje en uno nuevo y viejo a la vez, uno que reconoces apenas te alejas. Allá los árboles se mecen , los que aún se conservan y no han cedido a las inmobiliarias, te siguen a donde vas, así de grande son sus copas, y te murmuran e incluso parecen cantarte, no los pájaros en sus ramas sino las hojas, silban y corean una melodía que te sabes de memoria pero no podías recordar, hasta ahora, cuando tus zapatos, unas sencillas hojotas, recorren esa superficie que no para de cambiar, como tu impronta. Hacia adelante buscas un punto, un nudo en medio del camino para girar y entrar nuevamente en el espacio donde también eres tú, sólo que tus pensamientos se adormecen cada tanto para no alterar el orden decantado de las cosas, y, como fieles perros, aguardan, hasta la próxima salida.
19.1.07
soy tu silencio y tu tiempo

Corríamos por la playa, mis hermanos y yo, las toallas amarradas al cuello. Tres super héroes, vestidos en trajes de baño, correteando gaviotas, saltando dunas, planetas o estrellas a punto de explotar. Un miedo desconocido, aterrador por las noches, el cielo se nos venía encima, cuando, en la terraza de madera descolgábamos las piernas y los ojos no dejaban de asombrarse por los dibujos, ese mar revuelto hecho de estrellas. Abajo, los adultos se movían en sombras y se mezclaban con los árboles. Adivinábamos las voces, las risas, hasta que un espeso oleaje los silenciaba y ya no era más que el mar haciendo esa canción que se metía muy adentro, sin detenerse hasta el amanecer. Pum Pum, un picoteo de aves en la mañana nos sacaba de la cama, nos conducía hasta el camino de los eucaliptos, al pozo de agua con las ranas. Pestañear. Un libro cae, un hombre está sentado frente a mi, tiene esos ojos que atraviesan, otra vez esos ojos, esa sombra que parece mecerse y en realidad está tan quieto en el sillón del hospital, mientras una bolsa de sangre cuelga de un lado. -Te sentirás mejor- me escucho decir. Más oxígeno. -El ánima va a arribarte nuevamente- Dices, dices. Las ranas en el pozo son pequeñas, es fácil atraparlas y caben perfecto en el bolsillo del short. Son las 10 de la mañana y nuestro padre viene de vuelta de la playa, 15 cuadras diarias, un libro bajo el brazo. ¿Qué día es?. No es ninguno, sólo es otro día amarillo, un día con arena entre los pies, ampollas en la espalda y ranas y conchitas en los bolsillos. Lees para no pensar en cada gota que cae y en su espesura, remediando lo irremediable, un consuelo que me hace asentir con la cabeza. Es que todo estará bien mañana. Va anocher y tomarás el libro, recordando el mar acercándose cuando caminabas esas maravillosas cuadras y tus hijos te esperaban con los bolsillos empapados de bichos, los pies siempre llenos de arena, cómo es que no pueden sacudirse la arena....y para qué tantas conchitas y palitos....Lees, un reloj de pared apunta la memoria y yo te observo, la orilla de nuestra playa a un costado, la espuma bañándonos los pies, una canción a veces silenciosa que sólo nosotros aprendimos.
11.1.07
No time, baby
Jack Kerouac
4.1.07
Blackbird singing in the dead of night
Recóndito Arácnido Hipérbole.
Esdrújulas en tu oído y un vacío aquí en mi boca.
De tu boca / de tu boca.
Te vas Mariana, Marianilla, pequeña. Te me vas entre las piernas cuando te quedas mirando la nada y quizá es todo, y es que yo no puedo comprender. Miro en este espejo y es tu cuerpo entrando en el mío tantas veces y pareciera que vives, que realmente respiras cuando me cabalgas y eres sólo una aparición. Ya sé que no estás Mariana. Que de verdad te has ido, que no volverás a murmurar con tu cuerpo boca abajo, canciones demodé, ya no pasarás tu índice surcando mi perfil, cuando es todo negro, porque tienes tus ideas acerca de la luz. El mundo se vendrá abajo y no estarás ahí , en el hueco de mi mano, de mi hombro, donde a ratos creo, descansas, infinita, eufónica,
Ma / ria / na
12.12.06
Estación

Sumida en un trance, la sigo. No sé quien es y menos hacia dónde se dirige, pero hace un buen rato voy detrás de ella. Yo esperaba en la estación Blanco del metro, a un lado de Avenida Recoleta. Me había costado sumergirme en la estación. En esos días andaba con “la crisis del agujero”. Así lo llamo, al pánico feroz que me produce ingresar a cualquier construcción bajo el nivel del suelo. Cuando me pongo así no hay caso. No puedo meterme debajo de la tierra, quedan excluídos por varios días, estacionamientos, zócalos, subterráneos. El sicólogo no dice nada porque no hay tal sicólogo aunque todos en la oficina creen que sí existe uno. Eso los tranquiliza y no hacen preguntas, “estoy bajo control”. Ese día la crisis hizo un poco agua sobre sí misma, y puse , no sé bien cómo, un pie en la escalera que descendía hasta la estación. De a poco fui internándome en el sopor, en la espesa neblina de las bocas que emergían de aquel agujero negro. Un sólo aliento me iba envolviendo, y caía rendida sin oponer la menor resistencia. Me entregaba y descendía, paso a paso, sin percatarme de los escalones ni la pendiente, hacía caso omiso al temor de caer y estrellarme sobre las relucientes baldosas. Por las piernas subían las manos y a veces los dientes de los que más allá, aguardaban el vértigo del carro. La mujer estaba parada junto a la línea amarilla de seguridad. Desde que conozco el metro le he temido a esa línea. Algunas veces ni siquiera puedo mirarla con fijeza, la evito, como si evitara la propia muerte. Me senté muy cerca de la mujer y la observé, sin ningún disimulo. Llevaba un vestido negro de alguna tela muy suave, que se mecía con el pobrísimo aire en circulación. Tenía las manos en los bolsillos y no dejaba de mirar al interior de las vías. “Se va a matar”, pensé. Sin embargo, no iba a quitarse la vida. Sólo estaba allí, deleitándose con el escaso aire revolviéndole las rodillas y la agobiante posibilidad de ir y caer, el éxtasis de perderlo todo y no sentir nunca más nada. Yo admiraba su perfil. Tenía una amplia frente enmarcada por un pelo castaño que caía en desorden, como si no se hubiera peinado. Retrocedió un paso cuando sintió venir la máquina. Me levanté y me acerqué a ella. Tomé su mano sin decir palabra. El rugir se nos vino encima con todo su poderío, arrollándonos. Acaricié sus dedos entre los míos, ella hizo lo mismo. Con su pulgar recorrió toda mi palma, así también mi cuerpo entero. Abrazó mis piernas, besó el nacimiento de mis hombros. Descorrió mi pelo como si este fuera una cortina que cubría, hacía mucho tiempo, algún tesoro olvidado. Entreabrí los labios para pronunciar su nombre y dejarlo en el espacio que nos rodeaba, vibrando, igual le arrancara un sonido dulce a un metal pesado. Los apreté entonces, porque esa palabra me era desconocida y de alguna manera sentía que siempre lo iba a ser. El tiempo que el tren pasó junto a nosotras, me miró fijo, sin abrir los ojos. Al cabo de una hora abandonó la estación sin siquiera poner un pie en alguno de los carros. La sigo ahora ,y no pienso hablarle. No pienso decirle que voy tras sus pasos, igualmente me siguiera a mí misma. Sólo voy tras ella, sólo la voy mirando, mientras el deseo se agazapa en nuestro costado y nos va meciendo, como un tierno consuelo, desde lejos.
26.10.06
Comunión
12.10.06
Comentario Nº 6
Ruego disculpe la molestia, repito, sólo es consecuencia del mismo padecimiento. A veces no me tomo las pastillas, saben horrible y casi siempre me atoro con ellas. Yo no quiero morir ahogada con una pastilla.
Si después de este comentario, usted no vuelve a escribir, voy a creer, irremediablemente, que ha sido por mi causa. Aunque nadie me conoce, porque soy y seré, gracias a Dios, una gran desconocida, toda la vida voy a andar con la culpa encima por tamaño crimen. La mala de esta película.
Pido nuevamnete me perdone, la hora avaanza y el efecvto se agudiza. Tengo los remedio ne la mano pero viera como saltan.
Me tiuritan. ya ni puedo teclea r con dinidad.
(No meh aga sufgir m´s 9
Sa l dos,
Mariana
tarres.mariana@gmail.com
6.10.06
Callen a Hartman.
3.10.06
30.9.06
Vencimiento

Lamento escribir esto. Yo sé que hiciste esfuerzos sobre humanos pero ya has visto. Nada resultó, el tiempo pasa y tú y yo estamos llegando a los cuarenta a pasos agigantados. Decir que me amas ya no es suficiente, tampoco pasarte el día practicando recetas de cocina, sólo porque dos de mis amantes fueron reconocidos chefs que aparecían en televisión. Tampoco comprarte el Vademecum última edición que te ha costado un ojo de la cara porque el amante de julio resultó ser químico farmacéutico, o una guitarra eléctrica debido a que el de enero tocaba en una banda. No hay que engañarse cariño, es sabido hace siglos: el hábito no hace al monje.
El amor es así, dulce Juan, va y viene, fluye y da vueltas, es incontrolable y si decides detenerlo, poniéndole apenas una mano, aunque sea una mano pequeña, como la tuya, el flujo se detiene. Stop. Se acabó el amor. Y toda esa fuerza, peor que un tsunami , contenida, se te viene encima y te deja tal como ahora, obtuso y en los huesos.Y está mal que le cuentes a los amigos, a tu madre e incluso al acomodador de autos de la esquina que lo nuestro se deteriora porque trabajas demasiado y que naciste para amarme y hacer todo lo posible para que yo sea feliz, porque, mi querido Juan, todas las personas merecen ser felices, incluso tú. Por eso te dejo, y no creas no me produce dolor hacerlo, todos esos cursos de cocina, masajes, psicología, costura y música que tomaste estos últimos años, te estaban convirtiendo en una persona de verdad interesante.
21.9.06
I'm Human
and the heir ....canturreas envanecido, la cara embebida en esa expresión sobrenatural, de triceratops vidente, de santa efigie. Dejo que tus palabras de otro entren como un gusano metálico en mis oídos, perforando mi cerebro que adivina predecible, va a ir a parar, catapultado a un rincón del suelo, cuando el hombre gordo quite su polera y aplaste mi cuerpo camuflado en el terciopelo rojo del chaise lounge, porque seguro te va a criticar, algún día va a decir que tus personajes caminan demasiado y toda tu escritura es una buena porquería, excesiva y difiícil de tragar, un buen candy de manteca hidrogenada, aunque estás rica, dice, y lo haces bien en el sofá. I am human and I need to be loved, just like everybody else does.
15.9.06
No descongelar antes de servir

y cuando la borrachera
sea una cosa que pasó
y ya no recuerdes
(para qué vas a intentar
remojarte la memoria en algo tan lejano)
acuérdate pimpollo
sí estuvimos ahí, casi abajo de una mesa
haciéndonos los otros,
lo muy cortés y lo valiente,
mientras el vino nos corría cuesta arriba
adobándonos el cerebro que, insistente
y muy a pesar tuyo, jugaba a ser
el volantín de la tarde
14.9.06
25.8.06
Track 5

Bailamos con frecuencia a estas horas, cuando sólo las luces de los faroles se mantienen encendidas. La mayoría de las veces no hablamos, permanecemos en silencio y a ratos, percibo murmuras, la letra de la canción. Yo, me dejo llevar en un espacio de tiempo tan pequeño bajo esa ola, y me sumerjo, ni sabes, con qué facilidad, cuando el aliento cálido de tu boca se desliza bajo mi nuca y va a parar a esos rincones , que a veces, a fuerza de las propias horas, olvido existen. Si no fuera por el vino que está sobre la mesa, por las luces que ahora mismo me hacen guiños, creería realmente estás aquí, que inspiras, desde hace días, meses (ya no sé esto del tiempo, es molesto pensar en él , en su estructura resbaladiza) un entrañable deseo, tibio y navegable, y me quedo, voy meciéndome en los brazos tuyos, ignoro que estoy detenida, en esta pista de baile inventada, donde me sostienen, ligeramente, los versos de una canción.
29.7.06
le gusta tanto oir esa canción.

a veces se me viene encima con cada cancioncita. ese olor de usted. que debe cubrirle todo el músculo estriado. toda la nervadura si usted fuera un vegetal. inmenso para cobijarse. si yo fuera un guisantito. ay. ay. que de tanto respeto que le tengo no le digo más. le canto. no más le susurro. despacito.
20.7.06
Todavía más profundo.

Siempre quise amarte en ese río, pero no se pudo. Tú huías de los mirones y yo , sólo buscaba subirte la falda, y tocar, con las manos abiertas, tus nalgas frías, que vibraban al son de mi respiración agitada. Te deshacías en excusas, incluso llorabas, rogándome que no siguiera. Que tu madre y sus hermanas. Si alguien te veía junto al Torreón, si cualquiera les iba con el cuento: la hija de María Mercedes Riquelme, abrazada a un desconocido, los muslos al aire, los pechos escondiéndole la cara al bandido, que la trepaba con la pelvis, la arqueaba como a una vara, a punto de quebrar, de hacerla trizas.
3.7.06
gran finale
21.6.06
Vuelo
El avión sobrevolaba la Cordillera. Esos movimientos bruscos. Se agitan las bandejas de la comida. Tintinea el carrito del sobrecargo. Siga. Deslizo mi pierna derecha hacia la suya. Toco mi rodilla con la de él. ¿Por qué lo hace? No sé. Él da vuelta la cara , buscándome. Yo insisto en mirar por la ventanilla. ¿Cuántas veces? No lo sé, tal vez tres, o cuatro. Me acomodo. Estiro como puedo las piernas y vuelvo a rozarlo, esta vez, con mayor intensidad. Inclino los hombros hacia la ventana, el resto del cuerpo , contra su asiento. ¿Quería hablarle?. No. Tan sólo que él inclinara su pierna sobre la línea imaginaria que dividía nuestros asientos. Sentir la presión de sus músculos sobre los míos. Ceder ante su peso. Sofocarme bajo la tela de su pantalón. Que tapara mi boca. Pero él no lo hizo, ¿o si?. No logré que lo hiciera. La mujer del asiento del frente nos observaba. Para el aterrizaje, apenas conseguí mantener, por unos minutos, nuestras pantorrillas unidas. Un delicado sonido se produjo al frotar las telas de los jeans. Al bajar, ¿le dijo algo? Nada. Miré a través de él cuando intentó hablarme. Logró confundirse, como todos, entre la gente.
20.5.06
Crepúsculo

Ella se ha transformado en ese sol quieto y borroso. Difícilmente puedo verla, un vapor cubre mi ventana y controlo las manos para no borrarlo. La dejo ir como una imagen cualquiera o quizá, será que ella me ha alejado, que ya, como las otras cosas a esta hora pierdo importancia, no trasciendo más allá del espectador, del silencioso y fiel observante. He dejado de verla, sin embargo, sé, que ella y yo nos dibujamos en el cristal, abriéndonos al poniente como un par de astros que se apagan, solitarios, una que otra vez por las tardes.
13.5.06
Hábitos
6.5.06
fragmentario lll
(omo si esto no fuera más que una oración, la vas repitiendo cuando caminas a casa, el maletín balanceándose junto a tus piernas, y tu sombra se proyecta siempre tan lejos de ti,
1.5.06
28.4.06
la Más linda
no te quería tan linda
Para que llegaras temprano
Para no tener que
inventar excusas en tu Nombre
y mirar el reloj
a cada rato
que acabo de aprender
Ay madre mía
Habrías de ser fea
hedionda Mala
para tenerte más aquí
escondida
bajo tu desOrientado Abrazo.
21.4.06
19

Él pone el disco de los Beatles y selecciona This Boy. Pulsa play. Ella, sentada en un sofá, parece esperar alguna respuesta. That boy took my love away... Nerviosa, alisa la falda y chequea el taco de las botas. Él, va hacia la cocina y sirve dos vasos de CocaCola. Regresa al living y los deja sobre la mesita de centro. Ella dice gracias y toma un vaso. That boy isn't good for you... Le pregunta, si sabe de Andrés, que habían quedado de encontrarse a esa hora. Él dice que ni idea, que tuvieron cátedras distintas hoy, que seguramente Andrés se ha retrasado por algo de última hora. La canción termina y comienza nuevamente a sonar. Ella no quiere preguntar algo tan obvio, que a él le gusta ese tema, hasta que pasa un buen rato y la canción suena sin cesar. Oh, and this boy would be happy....Él dice que sólo le encanta, cuando ve que ella se ha levantado, acercándose hasta la ventana como atisbando a Andrés. No creo que llegue tan pronto, dice él. Ella camina por la habitación algo turbada. Luego, cree desmayarse, cuando al cruzar el pasillo que conduce a la cocina, ve unos pies desnudos rodeados de un charco de sangre. Él le dice que tome asiento, cuando la canción suena por decimoctava vez. This boy wouldn't mind the pain....De pie, termina sin apuro la bebida. Le hace el gesto del shh llevándose el índice izquierdo a la punta de los labios y desaparece tras la puerta de la cocina. Que le tiene preparada una sorpresa, dice. This Boy va en la decimonovena.
15.4.06
8.4.06
Otoñal

¿Quieres un café?, pregunto. Te pregunto cuando voy bajando a la cocina y no veo tus ojos, no sé a dónde miras, no sé si tus pupilas apuntan a la ventana, a los árboles que han perdido sus hojas, esas que pasamos horas recogiendo. ¿Viste el tiempo? viste que raro está, todo calor un día, todo frialdad al otro, y buscar el sweater favorito y ponérselo sobre los hombros , salir a recoger hojas que se acumulan como todas las cosas que te quiero decir y que tengo acá hace tanto tiempo guardadas en el bolsillo, una a una las voy tocando mientras bajo la escalera, cinco, seis peldaños, y ya estoy en la cocina y el ventanal como una gran pantalla de cine revela toda la tarde que ha caído, todas las nubes que se han venido encima de nuestra casa. Algo va a suceder, dirías, con ese tono premonitorio que has adquirido con los años, como de vieja, es que más vieja estás y yo también, mira cómo estamos en esta casa, solos, llenos de libros y discos y ya ni tiempo hay para leer o escuchar eso de la Vera Lynn que te gustaba tararear, cuando te tomabas unas copas y te sacabas los zapatos y girabas lentamente con los ojos cerrados y yo te decía, cuidado, te vas a marear, pero tú ahí, loca del mareo, feliz como una niña, y tú ahí, girando y es que yo tenía tantas cosas que decirte , tantas como ahora pero sigo en la cocina mirando hacia el jardín, los árboles, las nubes que se aproximan, la tetera humea, el agua cae y hay un sonido que golpea los oídos, como un martilleo, es mi pensamiento, son todas las palabras que tienen que salir y emergen, como hilvanadas por un hilo tan delgado que yo no sé van a aguantar su propio peso, penden como esas mismas hojas, las que porfiadamente se mantienen unidas a los árboles, ¿habrá alguna gota de savia fluyendo entre ambos? Pero no soy capaz, como si mi propia savia se coagulara, revuelvo los cafés y el tintineo sordo de la cuchara me recuerda que tú estás allá arriba, y yo abajo, y las palabras se balancean y no caen, las guardo en el bolsillo, a la espera, otra vez, para que las barramos mañana, a que un viento más fuerte del que me sostiene ahora logre empujarlas y se las lleve lejos, para no seguir hiriéndonos, para mantener este silencio de libros y canciones mudas, como un entreabrir de labios nada más, nada más.
6.4.06
Acerca de escribir
28.3.06
Sueños de comensal.

Ouroboros
Tony es algo loco, ya lo sé. También sé que por ese motivo gusta tanto a las mujeres, además claro, está su soberano físico y la voz. La voz de Tony es para soñar, para dejarse envolver por ella y no abrir los ojos y no saber dónde se está parada. Da lo mismo si cocina o no. Aunque la verdad algo sucede cuando amasa o mezcla las hojas de lechuga con las manos. Uno entreabre la boca y el pensamiento repasa con lentitud los labios y la sensación reverbera hasta en los dedos de los pies. Lo observo cada tanto y me conmueve, como los niños vietnamitas que se le acercaban por montones a pedirle plata. Es un niño más que disfruta y juega todo el tiempo. También me seduce solo mirarlo, cuando se sienta a probar todas esas chucherías que se lleva a la boca. Samptais rellenos de jengibre , wei weis bañados en caldo picante de pescado, o rub-bols fritos en aceite de maní. Tiene un rostro que, luego de haberlo visto, no se olvida más. Y esa forma, cuando le da por hablar de todo y de nada, cuando describe a mil las sensaciones que le van pasando por encima con los olores, las texturas, los espíritus de las especias y hierbas, las escenas de los bicitaxis que recorren las húmedas calles y van a parar al libro que tiene en la cabeza. O como esa vez, cuando escribía en su libreta, mientras esperábamos que Sun-li fuera a recogernos para ir al restaurant donde la especialidad era el corazón de serpiente. Entonces siento que me enamoro de Tony, pero es una instantaneidad, luego se me pasa, cuando dejo de verlo, cuando se va lejos y no lo puedo seguir porque también hay otras cosas por hacer, mucho que corregir y leer, y esa vez con Linares, aún debíamos recorrer tres restaurantes más en Ho Chi Minh hasta la mañana siguiente. Y esperamos y nada, y él escribía y escribía. ¿Alguna receta nueva?, pregunté. Se rió y contestó que no, que era para el libro del restaurant en Nueva York. A pesar de la bella sonrisa regalada me sentí torpe por la pregunta. Yo sabía que había publicado dos libros de ficción y por ningún motivo quería que pensara que no me había informado de sus otras actividades. Pero a él no pareció importarle, luego, aburrido de esperar de pie tomó asiento en la cuneta. El calor comenzó a marearnos y él se quedó en la sudadera negra. El tatuaje que había querido mirar desde que lo ví en el hotel, hacía dos días, asomaba por su hombro izquierdo. Sólo para probar, aclaró. Un círculo formado por una serpiente. Ouroboros, dijo, con esa voz que hacía vibrar tímpanos y piernas. Eddy me convenció el año pasado en Kuala Lumpur.... Un desabrido wow... fue lo único que salió de mi boca. En ese momento me pareció el tatuaje más bello y quizá fue el calor, pero tuve una alucinación y creí ver que la serpiente se movía. Por fin nuestro guía apareció y partimos.
La extrañeza y variedad de platos con animales, muchos de ellos en plena extinción, provocó en mi un mareo obligándome a salir varias veces del restaurant. Finalmente, terminamos con el asunto del corazón de víbora aplastado dentro de una copa de vino de arroz. ¡Para la virilidad!, exclamó Sun-li con la cara llena de risa y picardía. Tony lo bebió al seco. Ví, boquiabierta, cómo el minúsculo órgano desaparecía tras los labios carnosos de mi entrevistado. A mi me bastó con el vino , sin el corazón, y debo decir que fue santo remedio para el mareo. Al rato, Tony y yo nos besábamos, completamente borrachos, detrás de unas palmeras mientras el resto saboreaba rarezas de nombres impronunciables. Regresamos al hotel y me quedé en su habitación. Caímos en un nuevo trance amoroso. La serpiente, dijo. Benditas víboras, murmuré, succionando el tatuaje como si fuera un reptil que cobraba vida, y en cierta forma así lo era. El bullicio, dijo, mientras exhalaba una larga bocanada de humo, luego, tendidos en la alfombra de su majestuosa habitación cinco estrellas. El no saber. El no entender. Los aromas mezclados. Las caras. Los lenguajes extraños... El miedo, agregué yo. También , dijo él, girando su cabeza hacia mi, ofreciéndome una sonrisa, de esas que quedan estampadas en el ojo para siempre. Más tarde nos quedamos mirando el techo largo rato. Tenía un fresco que revelaba animales en medio de una selva. Parecíamos estar en medio de los felinos, mientras nuestras piernas entrelazadas se frotaban suavemente. Acariciamos la alfombra y pensamos llevárnosla en una suerte de cachipún, pero caímos en que los dos éramos alérgicos. Ese mismo día terminamos la entrevista para el canal, que sería la primera de varias.
Regresé a Buenos Aires con una sensación de extraño vacío, como si las palabras que tenía que decir se hubieran quedado flotando, o peor, vagaran sumergidas en la bahía de Halong esperando por su propio dueño. Algo me tiraba del brazo y, sin embargo, no quería volver la cabeza. Con Linares hicimos un pacto, yo no contaría sus aventuras con las chicas del hotel en Hanoi enfrente de Flavia, su novia, y él jamás comentaría mi escapada detrás del restaurant con el chef Bourdain.
Al mes siguiente recibí un pequeño paquete. Lo abrí, era un libro de cocina.
Anthony Bourdain´s Les Halles Cookbook.
En la primera página decía, escrito a puño: para C, la magia de las serpientes.
De vuelta en Santiago, fuí al paseo Las Palmas y en el local de Kobayashi me tatué una víbora en la nalga izquierda. Cuando la acaricio por las noches los sueños resultan dulces y delicadamente aromatizados a lemon grass y jengibre, como en una degustación permanente. El Ouroboros había despertado.
24.3.06
otros tiempos
4.3.06
Llamada perdida
2.3.06
13.2.06
22.1.06
Noche
La mujer se da un baño de tina, largo y delicadamente perfumado. Cuando termina, emerge del agua con restos de espuma en el pubis, el pecho izquierdo y ambos pies. Se queda un momento frente al espejo, la espuma se convierte en agua y corre entre las piernas produciéndole una deliciosa y escalofriante sensación. Humecta el cuerpo con una crema ligera , cada porción, para que al paso de los dedos se sienta tersa y suave. Un pequeño goce antes de partir, antes de vestirse con la ropa delgada, antes de calzar unas sandalias de taco alto, negras. Seca el pelo con el aparato en posición 1 para no resecarlo, lo deja apenas húmedo, luego pinta la boca con un delicado labial rosa. Baja las escaleras y sube a un taxi. Mientras viaja, siente que la ciudad se le ha querido meter bajo el vestido, que por las pantorrillas recorren autos y motocicletas dirigiéndose todos hasta su entrepierna buscando desesperadamente un calor guardado, un reclamo de ternura que más parece una súplica. Las luces son los ojos y le hacen guiños grotescos, demasiado evidentes, piensa. Cierra los suyos y pellizca el pezón izquierdo, con el índice recorre un camino imaginario hasta la punta del zapato. Baja del taxi y se desliza como un fantasma hasta el departamento 126, saluda a los conocidos y busca una copa de vino blanco. Escurriéndose entre unas mesas y un cuerpo que parece buscarla, encuentra un balcón que la rescata. Va hacia la noche, quiere hacerse negra, negra como un gato o una sombra. Enciende un cigarrillo, en las volutas que se dirigen al cielo ve dibujadas extrañas historias. Bajo la falda, escondida entre las piernas, la ciudad le camina con urgencia, desesperadamente solitaria se abre paso sobre su piel, desgarrando las pantaletas, penetrándola con ferocidad, La Desesperación Brutal de los dolidos, de los locos callejeros que no temen ser castigados cruza el umbral, desemboca en el túnel que espera a la ciudad adolorida y la convulsa sin cesar, ella ondula la pelvis acariciando el aire, la ciudad lame y muerde sus carnes y no deja de embestirla contra el ventanal, ella gime suavemente, para qué decir una palabra si el viento flamea algunas indecibles, todas esas que ya se dicen y vuelan por otros balcones y ventanas, bañadas en salivas untuosas y espesas sobre extensiones de piel que arden, se retuercen y tiemblan como la suya que es toda Lengua Voraz Humedad Abrasante, arreboles que se extinguen cuando abre los ojos y las luces, frías pupilas de cadáver, no la ven, la confunden con la pared, el marco de la ventana, el humo de un inanimado cigarrillo.(foto Declan McCullagh)
14.1.06
Tu es Partout
31.12.05
para Jani
Le crece el musgo entre los dedos de los pies. Luego se extenderá cubriéndola toda, una nube verde, algodonosa malaquita entre todos los cristianos. La fuimos a dejar en medio del parque, era ahí donde le gustaba estar cada vez que la tristeza la llevaba de la mano y eso, era la mayoría de las veces. Se tomaba de ella y hacían un baile encadenado a la embriaguez, a la voladura de ropas porque siempre corría algún aire despreocupado que le hacía mover los trapos de acá para allá. Corría el riesgo de salir elevada por el aire cualquier día de esos pero a ella no le importaba, el viento siempre era favorable, había que sobrevolar techos y árboles para liberar volantines atrapados, vuelen, vuelen, cautivos celestiales que ya corren las brisas de septiembre. Y la pena negra como manta crece y crece porque se va haciendo parte de la tierra, es la arena, el pasto que vamos a pisar mañana (lo haremos suavemente para no herirte la piel, para hacerte una cosquilla apenas en el vientre...), los insectos caminan por su pelo, escarabajos lindos pinches, anaranjados y azules brillando con el sol, el rocío de la mañana la cubre, mañanita de polvo estelar, cantos de voces infantiles tus besos de aire, por ese caminito de Quilpué y tu guitarra, de 8 y 6 agarradas de tus manos, esas que ya no hacen música, las nuestras en cambio, aprendieron a cantar lágrimas.
23.12.05
Viaje
21.12.05
Ejercicio número uno
4.12.05
Esa manía , a veces

Amasa con energía que pocas cosas te quedan por hacer, ya el día se te va entre las piernas, la caminata larga, las tiendas, los probadores estériles, cuevas para sentarse y mirar en espejos torcidos. Amasa y huele el pan, la levadura hace su trabajo, ese olor que te va a dejar a la cocina valdiviana con el ciprés en el fondo, la reja de madera llena de digüeñes se azota con el viento que te empuja la falda, el pelo, camino abajo te pierdes en un bosque que ya no existe, la bicicleta botada, las vacas pastan en medio de las nalcas, unos copihues sobreviven, moras negras en la mano negra. Llueve en Gral. Lagos, el río se va a salir, piensas, y te aprietas contra su espalda y entre sus piernas vas a flotar y llegarás a la otra orilla sana y libre, aunque el ventanal tiemble, qué importa si hay calor ahí, te hace leudar los pechos y el vientre, y la sonrisa, aunque compartas el baño con extraños, aunque comas acelga toda la semana que es más barato el atado entero, y sueñes con una taza de café o un chocolate.... apégate a ese pan, suave y tibio entre las manos, elástico entre los dedos que no hayan que hacer, unos con orégano, romero, sonríe, eso , sonríe, recuerda y prueba el pan, siéntate ahí, la silla del patio todo verde, a mordiscos. Qué bien sabe este amasijo en la boca.
20.11.05
Paseo Huérfanos.

La cabeza repleta la sonda le conecta el ritmo le conduce a los pies al bolsillo gastado al reloj que no lleva al hueso ilíaco tu montura la gente vaya pasando no más que se nota va apuradita marque el paso firme como si desfilara en exclusiva pasarela que la miran del frente ¿va a entrar? pero tómese el helado que le como la comisura labial chocolatada ¿Coltrane dijo? baja el ritmo vuelta y sonda gente helado solo hoy antes que se muera a $2990 .
Señorita, oiga. Sáquese el audífono.
When the dog bites
When the bee stings
When I'm feeling sad
I simply remember
My favorite things
And then I don't feel so bad.
11.11.05
para V:
besos.
C.
8.11.05
delenda me (cabálgola dócil un 11 de marzo)
Hay un incendio en la palma de mi mano, sin dormir, noche más noche y vino, gran combinación, tinto y plúmbeo como buscaba esa vez esa palabra que era como pastel de chocolate...y ahora ese motorcillo que me guía, un botón rosado y duro me comanda y sólo pienso en espesuras,es que escribir y calentar el aire sin ser, como decirlo calentona o puta derechamente y labios que hurgan sin saber su paradero, sin punto en el espacio para la orientación, sur oeste o allá, no hay norte o sí, perdido entre las piernas y hay que buscarlo hay que agarrarlo y torcerse y seguir apretando/se y las manos malditas tan mínimas para atrapar tanta ferocidad y golpear el cojín del sofá que es el colchón de las búsquedas con uno mismo y un oleaje con aguas revueltas y algo suena pero está en la cabeza esa voz, lejana, que ya ni recuerda por el nervio de no decir una estupidez hasta que llega el grito ahogado, se instala y es largo y no termina nunca, marea mirando mares malignos mundanos melancólicos mientras muero ... digo apretando los dientes con la mano acá y allá para no decir lo obvio la letra esa, pequeña minúscula de músculos/ montañas, me siento inmensa, penetrante, penetradora, mi cabeza cuelga y el pelo toca el suelo, veo mis rodillas y la punta de los pies, hermosos, solitariamente a gusto, respirando.(que literario, comentó él,
que soledad, murmuró ella)
13.10.05
"Mundos Individuales"
Me senté a escribirte y mira lo que salió. Es de no creer cuando a uno le da por pensar tanta cosa. Ya se me ocurrió incluso que podía ser el té, porque casi nunca bebo té y éste dice en la etiqueta que es inglés, blackcurrant tea y unos dibujitos de zarzamoras enanas me hacen dudar de sus efectos sobre mi cerebro. Decía que te escribo porque aparte de lo del té, me vino un impulso tremendo por contar y escribirte lo que me estaba pasando. Ni siquiera pude terminar ese libro que tanta gente recomendó por ahí, no sé, seguro esperaba algo que me dejara resonando como eco en la cabeza, así como ese libro pequeño de la Woolf que ya te he contado, pero lo leo, no lo voy a dejar botado, no. Y no sé si es por culpa del té, aunque no quiero seguir pensando que es por su causa, que me pasan cosas raras por la cabeza, como ahora mismo en que quisiera ser otra. Otra en un departamento con balcón pequeño de esos con baranda de fierro forjado con hartas vueltas y recovecos pintado de blanco desgastado y algunas plantas en maceteros de latón, y un gato amarillo, uno como el de Helen Ripley en Alien el Octavo Pasajero, y por supuesto ando en calzones y camiseta, descalza con el pelo suelto, suena Lakmé de Delibes (el Fleur Duet, así me entiendes bien) y del balcón se alcanzan a ver las panties colgando de la ducha que escurren sobre las baldosas blanco y negro, porque el depto es pequeño pero tiene un baño de porte decente con tina antigua y patas de bronce y una ventana que da a un cajón que la mayoría, no sé por cual motivo, llama patio de luz, sobre todo la señora de al lado que además vive con ese perro hediondísimo, dios mío si solo pasaras por su lado no sabrías si lleva al perro encima pues se han confundido. Una que otra vez llama para que la ayude con las ventanas y los radiadores, samaritana yo, me dedico luego a observar, mientras ella busca un chocolate rancio, las fotografías que apenas se sostienen en un minúsculo arrimo y es la misma cara de ahora pero el brillo ese en los ojos no está más, algo se lo ha llevado para siempre. Igualmente espío a un vecino que también tiene un gato, pero negro. A veces lo viene a visitar una chica y hacen real alboroto, eso me intriga, me gustaría saber qué pasa ahí, cuando ella pone el pie en la habitación, cuando cruza el umbral, si comienza a desvestirse antes, en el pasillo, aunque no sé si la distribución es como ésta, con el pequeño hall a la entrada y la cocina a la derecha y al fondo el mínimo livingcomedor, y después otro pasillo con los closets y al fondo el baño y entre medio el dormitorio ( ahora así descrito no parece tan pequeño, pero es que yo no sé describir departamentos), y también me pregunto si ella se sentará en la cama hasta que él ponga algo de música, si lo espera con las piernas separadas o juntas, si abre bien la boca o aprieta los dientes, si le dice algo terrible al oído cuando se aman, si en realidad se aman, o sólo se tocan, se meten el uno en el otro, él tratando de sentir como ella, porque le inquieta, qué hay debajo de esa chica que mueve el cuerpo como si se echara a volar de la fiebre, como si el mundo fuera una bola, tan solo una bola por la que hay que caminar haciendo un equilibrio de trapecista chino, como esos del Cirque du Soleil, con los dedos enroscados y se dobla y desdobla y grita, gime con tantas voces que él atrapa con las manos y las guarda en el cajón del velador para cuando ella se ha ido, con el sólo propósito de escucharlas nuevamente, y la chica también se pregunta cosas, qué hay debajo de ese cuerpo que pide calor como quien pide auxilio en medio de una carretera desierta, como cuando vas al norte y el mar parece tan cerca pero es un despoblado, que ni las olas te saludan de lo lejos, casi ausentes, entonces me digo que agarro al gato mejor, que me vuelvo al té y cierro la ventana y pienso que al balcón le hace falta una mano de pintura , que mira cómo se nubló el día y el recuerdo se queda rebotando, imagenes ajenas salpicadas de luz propia, que la vecina hace días no se oye, quizás ha muerto y el conserje va armar un lío, nada de ancianos habitando como locos enclaustrados, aullando por un tiempo que pasó, mejor me pongo los pantalones y le doy de comer a Jones, y que seguro todo esto es por el té, porque casi nunca tomo té, y este que se supone es inglés, bueno, eso dice la etiquetita. Blackcurrant tea, 10 bags-sachets, Ahmad Tea. London.
2.10.05
cabalgando arriba del julepe

Hablando de terror/ que terror te da esto y aquello/ que no puedes hablar del miedo/ que no te sale palabra/ que los pies se te congelan y nada te hace mover un dedo/ déjame decirte pobrecito/ que ni sabes del terror/ que escondida te podría decir tras una puerta con la mano pesada que se te viene encima/ de unos huesos 23 kilitos no más/ sacudieron al terror que aplastaba el techo de una casa/ para aguantarse la respiración y después hacer como que/ el dragón se iba/ y sonreías para no romperte llorando/ para que no digan que fuerte lo tuyo bombón/ y se te aconcha el alma pero bien piola/ así que dale y habla/ que con este café tengo la tarde hecha.
26.9.05
zuacate
27.8.05
Presa

...pero se venía un aturdimiento por el cuerpo, que ya se iba desplegando en esa sensación impostergable, de ser ahí, de estar enfrente de tus ojos, debajo de tu barbilla, redimida encima de tu plato, como una carne que acababas de atrapar con las manos y desgarrabas con tus dientes, concediéndome esa luminosidad, el brillo de lo que ya pronto perece, retorciéndome frente a tu mesa, abatida por el hambre.
15.8.05
Corte y Confesión.

Mamita mamita linda déjenos salir no ve que a la Pame se le está poniendo el pelo como paja que no sale ni a la esquina y yo míreme pos mami vio cómo tengo la cara tan fea llena de granos que no respira el sol porque usted y las cosas malas que afuera pasan ...que vemos la tele y ya sabemos esas cochinás que hace la gente pero no las vamos a hacer te juramos mamita que nunca la piel encrispá como erizo ni los ojos abiertos ni tanto apenitas pa cruzar bien la calle y no quedar como gato desparramado (es que usted y los trapos nos van a secar la mente y el pellejo mami que todo el día es la misma cosa comemos y hacemos las tareas en la misma mesa donde usted le corta la falda a la Julita que tiene olor a vieja enferma del riñón y los pantalones a ese viejo gordo que usted no sabe cómo nos mira pero trae la plata justo pa la segunda prueba y la trae toda sin atraso y adelanta cuando mucho es el apuro pero el molde de su trasero encima de la mesa me provoca el estómago porque no se ha dado cuenta que corta el pantalón y él se queda acá mirando y no la observa a usted mamita no mira cómo bien corta usted la tela nos mira a nosotras y una gota de saliva se le cayó ahí en el borde de la mesa y a la noche me tuve que despertar mamita para ir y con cloro limpiar y no poder dormir porque todas las noches soñar que ya son pesadillas con todas las hilachas y el montón de géneros que se me viene encima y el viejo gordo me tapa la boca con los trapos cuando usted pasa la tiza con los anteojos en la punta de la nariz y ni una mosca vuela mientras la mano grasosa de él se esconde debajo de la mesa y del jumper mamita y usted le da a la conversa y la Pame se va a encerrar y no abre la boca pero yo me callo y lo dejo para que no se le caiga del pedestal su mejor cliente).
6.8.05
Lo que no digo.

Cuando te tomas unas copas de vino o cerveza y me dices que te largas a la cama, con la boca fría, las palabras llenas de baba y el cuerpo te sigue, arrastrándose y te tumbas exactamente igual cada vez, con las piernas levemente entreabiertas, boca abajo, haciendo el pequeño esfuerzo con la columna para que tus nalgas se vean prominentes y las tiras de tu sostén siempre caen sin querer como al descuido, yo sé que lo has arreglado de esa manera, que no es casual, porque ya te da lo mismo que te posea yo, o quién sea. Tu necesidad es tal que pasas por alto mi presencia, poniéndote esa venda sobre los ojos y no me ves, no ves, sólo sientes que hay una mano que asciende desde tus talones hasta las nalgas, y ahí, todo lo demás se desencadena tan fácil , el temblor que levemente te sacude y convulsiona, las piernas, las rodillas que se inclinan a los lados, las puntas de tus pies que se abren y frotan haciendo semicírculos sobre las sábanas, y una de tus manos aparece, buscando y descubriendo un pecho que, luego de morder y succionar un poco, he de dejarlo a un lado, porque tienes tus apuros que conozco tan bien....y lo pienso y me da risa, porque funcionas tan previsiblemente y yo pobre estúpido pensarás, me enredo en ese juego y hago como que no, como que no me pareces un animalito condicionado, y la verdad somos dos animales pero sin la ferocidad propia de aquellos extraordinarios seres, sin la embestida , cabalgata, nado, vuelo... no, todo es un monótono movimiento que he de practicar igual siempre porque así me enseñaste, porque así tus muslos se abren más y mejor, aunque después me quede con un dejo de insatisfacción por no haber hecho algo diferente, por no demostrarte que puedo ser lo que yo quiera, todos los estereotipos que te calientan, ¡ pero qué va !, ya lo hemos hecho tantas veces y en realidad tan pocas si le contara confidente al medicucho u a otro, que me da lo mismo, después de todo ¿ ves ?, me da lo mismo tenerte boca abajo y no ver tu cara y tomarte siempre igual, con las manos en tus caderas mientras tú, tú con esa determinación del que sabe lo que hace, con la prolijidad del asesino en serie, indiferente y hambriento, apurado por la urgencia de acabar luego y a la vez tan calmo, porque sabe, la recompensa viene, viene lenta pero es próxima, está en sus dedos, en el resbaloso sendero a la breve expiración ... y tomas mi mano y la llevas alargándola como si fuera de goma, y es divertido te repito, porque siempre pasa lo mismo, la misma escena, intento estirar mi brazo y alcanzar tu entrepierna por atrás, mientras no dejo de entrar en ti y tú no dejas de mecerte con ese vaivén que sabes hacer conmigo y con la almohada.
28.7.05
Fragmentario II
10.6.05
te decía yo
Por qué lloramos , te decía yo, por qué vamos del cuerpo, de las pieles encendidas como faroles, a plena luz, en esa cama, la música sonando (sí, debe ser esa música y el café que se enfriaba mientras íbamos apagando las luces) a la humedad en los ojos, y la mirada atravesando las paredes, al otro lado de la calle, mirándose uno mismo, bajo la lluvia, el agua corre por la cara, revelando una imagen desconocida, y pestañeas, tubos de escape, vidrios empañados, y te quedas viendo, quieto, en ese instante que es la foto que observaremos más tarde, mientras tu mano, o la mía, porque ya eran como una sola cosa... y por qué lloramos te repito, si la alegría nos sale como a chorros, volcánicas risas, pero lloramos, es que es esa canción, esa musiquita tarareada lentamente, bien adentro, y el café ya frío se quedará hasta mañana en la mesita, y cuando tomes la taza para llevarla a la cocina, me preguntarás, por qué lloramos un agua tan fría, entonces digo, hay que comprar otro café.
3.6.05
plazo irrevocable

Sonaba algo de Los Panchos, era verano, enero, un cumpleaños encima, sentados bajo la higuera. La sombra esparcía los frutos a flor de boca, dulces y fríos descolgados sobre el plato. Recuerdas, la casa, los techos, el calor de las planchas de zinc, emitían sonidos que escuchabas si cerrabas los ojos, si te quedabas así, quieto y sereno sobre la silla de playa pero en el patio, justo frente al cuarto de los cachureos donde asomaba el respaldo de una cama de bronce y un ropero medio muerto, medio resucitado. Tarareábamos, no sé, despiértame, cuando pase el temblor, recostados y cerrando los ojos, sin fumar, no como ahora, no como hoy, en que apenas nos miramos ya sabemos, eso, eso que es mirarse así, después de tanto tiempo y saber, que ya no es la micro en esa esquina pelada con la escuela Esperanza y los niños que hacían guitarras y siempre era la última micro, te juro que me voy en la que viene... luego sonaba un rumor de irse, de dejarlo todo y no volver, las maletas cerca de la puerta, la salamandra encendida, no sé si llovía aunque allá llovía todo el tiempo. Azaleas naranjas, pinos inmortales, no money, el café como sex symbol. Después sonaba una música de gentes que gritaban, locos furiosos, la libertad recobrada, te miré y ahí estábamos, sobre alguna calle, ¿Pedro Montt?, el río allá lejos nos esperaba para dejar que nos miráramos en él , cualquier tarde , quebrando hojas, sonar de piernas en la tierra húmeda, más tarde la mesa y el sol que se va, el mantel de flores gigantes, la casona en Gral. Lagos que nunca conociste, los dibujos en la pared, los versos regados por las goteras... y todo acá, cabeza revuelta, Agustinas, una fila de extraños y la declaración jurada. Irrevocable 31 de mayo. Nota: reúna los antecedentes con anticipación.
7.4.05
Ruperto

R. Matta, "Verbo y adverbio"
Querido Ruperto, ¿dónde estás?. Tal vez muerto, ido, refugiado en el olvido, claro. ¿Por qué cuando pregunto por ti, sólo Teillier te nombra? Recuerdo ese día que te encontré y te quedaste junto a mi cama, en la mochila, en la cajita de madera guarda secretos....
Y en el liceo de los adobes te leíamos con S balbuceando con lentitud extrema tus Imágenes del Hombre, como queriendo quedarnos con cada letra en los labios, repasándola una y otra vez en viaje voraz colmado por las pausas.
Y quise imitarte, porque escribí esas cosas en los recreos cuando todos hablaban quien sabe qué y C me decía escribe con una sonrisa cristalina en ese cuerpo que se estiraba, es que era fácil encontrar las palabras en ese tiempo cuando la sangre bullía calle afuera, y las largas caminatas a casa para hablar de todo y tú, retocado con lápiz mina casi transparente, para no herirte con el trazo en tus páginas.
Porque eras del viejo, de ese montón de libros misteriosos, y nos dejaste el gusto y ya son 20 años sin parar y sigues en los labios, porque te nombro, sin saberte de memoria como antes, porque se olvida la cabeza atrincherada...
Y cuando pasa el aire como cortándome la cara en el columpio de la plaza, yo digo, boca abierta, boca adentro, que eran tuyas mis palabras en tu nombre: Ruperto Salcedo Urquieta .
31.3.05
18.3.05
Keep Walking

...y de tanto caminar, de tanto ir y venir como si fueran la misma cosa, hemos perdido el rumbo, ya no sabemos, desconocemos el inicial objetivo hasta que paramos, contenemos el hambre de mover los pies y el cuerpo en atávico balanceo...
en un detenernos la enfermedad cesa un rato: esquina, ojos y café... pero la sonrisa en su brevedad se esfuma, y otra vez las vitrinas, la gente se abre paso en tu paso, tu propio paso hace que te pierdas, pero insistes...
adelantequelospiesparaesoestán, y volvemos, irremediablemente para algún lado, por cierto asunto, por ninguno... y miramos las calles, ya una sola , otra vez radiante, deseable, invitándonos a entrar, a llenarnos de ella sin tocarla nunca, perdiéndonos en ese afán interminable de casi todos los días.
15.3.05
Abismos

Avanzo por la casa y miro la pared del fondo, esa donde estaba su espalda adherida, con los brazos extendidos, como abrazando el mundo, crucificada, de carnes blancas, hirientes y redondas, mientras yo, camino, me deslizo, precipito como un líquido aceitoso sobre sus hombros y abro la boca, muerdo, lamo, surco las venas de su cuello frágil, para bajar, lentamente, por la irregularidad de sus vértebras hasta el abismo de sus caderas, y me lanzo, caigo, muero, allí con mi cuello atrapado por sus piernas, y cavo, cavo enajenado, invado la humedad, conquisto la geografía del día.
18.2.05
Liviandades
Tomo un libro que descansa sobre el velador. Pero no leo, sólo lo tomo entre las manos y lo acaricio, como si en este gesto las letras ahí dispuestas se compadecieran de mí, y en un acto de mágica benevolencia, me transmitieran sus mensajes descifrados. Todo descansa sobre un par de nubes que como esponjas absorben el tiempo quieto que se desliza sobre las paredes. Pobre incauta, he de dejar que aquel insecto se pose sobre mi mano. Cierro los ojos, la levedad continúa, el mundo afuera sobrevive, sempiterno.
29.1.05
Es el Viento
Me fui, acá queda algo pero en realidad no estoy, me he ido, no sé donde estaré ahora, en este preciso instante (ahora cuando lees y seguramente tomas tu café y tu música suena), metiendo los pies, lo 4 pares al agua mansa, llenando el estómago de arándanos azules, fumando y capeando al viento que no quiere el pucho, buscando el lápiz a media noche, a medio camino, en un lugar en plena carretera, media calle sola y llena, medio mundo extraño, a medio vivir, para escribir/dibujar/rayar algo.Me fui, y a los que pasen un hola cariñoso, y cuando suba y baje las pestañas les diré/escribiré, no sé, quien sabe, de cosas que me revuelvan, conjugando las palabras que no existen, que las 4 bocas inventamos en la mañana, casi dormidos o saltando en una pata, felices/tristes, como siempre.

un año más, parece poco, pero me pesa, así que lavo y lavo para verme más liviana, livianísima y salir volando por esa ventana, sin apagar una velita.



























